Los escritos de Pedro Poveda

Escritos de 1894-1905

Los escritos de su etapa de Guadix -1894-1905-, hasta los 31 años de edad, están circunscritos a ese ambiente concreto. Los redacta movido por la urgencia de una acción social que, por exceder las posibilidades de cada uno, reclamaba el esfuerzo de todos. Son interpelantes, convocatorios, traspasados de fuerte sentido realista y muy en conexión con el dato concreto de cada día, de cada persona, de cada situación.

Escritos de 1909 a 1913

Los escritos elaborados en Covadonga pueden agruparse, en dos bloques bien distintos: los iniciales, con intención de evangelizar al pueblo sencillo que acude al Santuario de Covadonga, y los redactados a partir de 1909 que plantean el problema pedagógico.

Escribe:

  • Ensayo de proyectos pedagógicos (1911). Especialmente destinado a formar un cuerpo de profesores de primera enseñanza que ocupen puestos en la enseñanza del Estado y que se mantenga unido “en el espíritu cristiano y en la unión profesional”.
  • Diario de una fundación (1912). Detalla los trámites y el alcance de su primer proyecto, la “Institución Católica de Enseñanza”. En su pluma se desvela la educación como trabazón de la realidad social, económica, intelectual, cultural y religiosa.
  • Simulacro pedagógico (1912), también llamado Las Academias, como “lugar” en que se forman los maestros y con la misma idea que no pudo llevar a cabo con la soñada residencia para estudiantes de la Escuela Superior, por el año 1908.
  • Alrededor de un proyecto (Linares 1913). Recopilación de distintos artículos periodísticos publicados en la prensa española entre 1907 y 1912. Se publicaron completos por primera vez en “El Universo” (Madrid, 7 de noviembre de 1912).

Los medios de comunicación social fueron cauce normal de la renovación pedagógica que Pedro Poveda promovía. El 15 de julio de 1912 intervino en la fundación de la revista “La Enseñanza Moderna”, de Gijón, que se definía como una revista de “educación social”. Estaba dirigida por los maestros Huertas y Palacios, sus primeros colaboradores. También promovió “La Enseñanza Católica”, revista madrileña del magisterio, que en 1912 se plantea una “federación católica de maestros españoles”, idea de don Pedro Poveda. La federación se mantendría en los “centros pedagógicos” dispersos por toda la geografía nacional, como estudiaba Poveda en el Ensayo.

Escritos de 1914-1918

Los pocos escritos que redacta entre 1914 y 1918, ya en Jaén, entre los años 40 y 44 de edad, son serenos, profundos, sintéticos. Se orientan hacia la formación de las personas y también a organizar la Institución Teresiana.

“Así ha de ser la vida de los miembros de la Obra, toda de Dios. Pero siendo de Dios toda, debe distinguirse por su carácter eminentemente humano. Que así fue Santa Teresa ¿ Quién lo duda? Y porque lo fue conquistó tan universal simpatía ... La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida dan, para quien lo entiende, la norma segura para llegar a ser santo, con la santidad más verdadera, siendo al mismo tiempo humano, con el humanismo verdad. Así seremos generosos y nuestra Obra será simpática". (1916)

"Nosotros que aspiramos a vivir una vida espiritual intensa, hemos de ser exteriormente sencillos, humildes; hemos de pasar inadvertidos; hemos de confundirnos con el común de las gentes; no llevaremos distintivo alguno, no pretenderemos singularizarnos en nada; pero interiormente seremos singularísimos con la singularidad de la virtud; singularísimos con la singularidad del espíritu de Cristo". (1917)

Escritos de 1919-1925

Los años que van entre 1919 y 1925 ambientalmente experimentan la decepción provocada por la primera guerra mundial. Para Poveda coincide esta circunstancia con el momento constitutivo de la Institución Teresiana.

"La Obra que pretendemos realizar ha de ser idéntica a la que inauguraron los primeros cristianos y los medios, los que pusieron en práctica, aunque nos tengan por locos." (1920)

”Los miembros de la Obra, para llenar su cometido necesitan virtud y ciencia, y en faltando una u otra, quedan inhabilitados para cumplir su misión. Quienes pretextando amor a la virtud y afán por conseguirla olvida la adquisición de la ciencia, no cumplen con una de las principales obligaciones...” (1920)

“Seriamente, sin provocaciones, pero sin cobardías; sin petulancias, pero sin pusilanimidad; con caridad, pero sin adulaciones; con respeto, pero sin timidez; sin ira, pero con dignidad; sin terquedad, pero con firmeza; con valor, pero sin ser temerarios” (1920)

“Los hombres de Dios y las mujeres de Dios son inconfundibles. No se distinguen porque sean brillantes, ni porque deslumbren, ni por su fortaleza humana, sino por los frutos santos, por aquello que sentían los apóstoles en el camino de Emaús cuando iban en compañía de Cristo resucitado a quien no conocían, pero sentían los efectos de su presencia. El espíritu de Dios es suave, de paz, de orden, y así son los frutos de los sarmientos que están unidos a la vid y de ella reciben el jugo celestial. Frutos muchas veces inapreciables exteriormente, frutos que determinadamente no se los propone el sujeto, pero que surgen, merced a la gracia, valiéndose Dios como instrumento de un ejemplo, una palabra, una acción cualquiera de su apóstol, de la persona en la cual Dios habita" (1925)

Escritos de 1926 a 1931

Los escritos que elabora entre 1926 y 1931 -a sus 50 años de edad- son fundamentalmente vitales y algo más largos y explicativos. Introduce en ellos elementos de la historia de la Institución, alusiones y acontecimientos pasados, con clara finalidad pedagógica y tal vez por el contraste entre la aparente paz ambiental del momento.

“Para mi está fuera de toda duda que el espíritu es lo primero en nuestra Obra y no sólo lo primero, sino lo esencial, aquello por lo que la Obra ha de vivir, ha de tener existencia y ha de ser obra de apostolado. Pero con el espíritu pongo yo la ciencia y considero que espíritu y ciencia es la forma substancial de la Institución, es decir, aquello por lo que es lo que es y no otra cosa diferente, mejor o peor”. (1931)

Escritos de 1932 a 1936

Los escritos redactados entre 1932 y 1936, de los 58 a los 61 años, tienen la característica de la firmeza, la resolución, la decisión, envuelta siempre en una actitud de verdadera mansedumbre.

Años ambientalmente conflictivos, le evocaban con frecuencia los de la primera década del siglo, cuando proyectó la Institución Teresiana. Son, por ello, de afirmación de las ideas primeras, de ratificación de su pensamiento:

“La Obra ha de ser ahora y siempre como se pensó en un principio. Santidad más que nunca, virtudes sólidas a costa de la vida”. (1933)

“Hay que demostrar con los hechos que la ciencia hermana bien con la santidad de vida” (1932)

“Con dulzura se educa, con dulzura se enseña, con dulzura se inculca la virtud, con dulzura se consigue la enmienda, con dulzura se evitan muchos pecados, con dulzura se gobierna bien, con dulzura se hace todo lo bueno.

No hay que hacerse ilusiones: la mansedumbre, la afabilidad, la dulzura, son las virtudes que conquistan al mundo” (1935)

Su preocupación por el momento presente se hace patente en sus últimos escritos. En Julio de 1936, pocos días antes de su muerte escribe:

“¿Juzgamos con criterio humano o con criterio sobrenatural los sucesos presentes? Nuestras expresiones, nuestros juicios, nuestras actitudes nos lo dirán.

Ahora es tiempo de redoblar la oración, de hacer más penitencia, de sufrir mejor, de derrochar caridad, de hablar menos, de vivir muy unidos a nuestro Señor, de ser muy prudentes, de consolar al, prójimo, de alentar a los pusilánimes, de prodigar misericordia, de vivir pendientes de la Providencia, de tener y dar paz, de edificar al prójimo en todo momento.

Nunca como ahora debernos estudiar la vida de los primeros cristianos para aprender de ellos a conducirnos en tiempo de persecución. ¡Cómo obedecían a la Iglesia, cómo confesaban a Jesucristo, cómo se preparaban para el martirio, cómo oraban por sus perseguidores, cómo perdonaban, cómo amaban, cómo bendecían al Señor, cómo alentaban a sus hermanos!"

Encarnación González
Postuladora de la Causa de Pedro Poveda

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