SOBRE UN HOMBRE PARA LA MUJER

Ante la beatificación de Pedro Poveda

España es un extraño país. Ensalza a mediocridades y mantiene en el olvido a sus mejores hombres y mujeres. Sucede hoy. Y ha sucedido siempre. Es el caso, para muchos, de un sacerdote español, nacido en Linares (Jaén), de nombre Pedro Poveda, que acabaría fundando la Institución Teresiana, de tan importante relevancia en la aportación eclesial al movimiento de renovación pedagógica desde el más estricto humanismo cristiano.

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Este hombre resume en su persona el drama de muchas otras que, desde el rincón de una provincia cualquiera, se van abriendo al misterio de la historia hasta ampliar su visión de las cosas. Y , desde ahí, no abdican ya de dar el salto hasta donde sea. Este misterio histórico radico, en su caso, en descubrir la pobreza de los marginados de la fortuna en las cuevas de Guadix, donde ejercía como sacerdote y profesor del Seminario: no se encerró en la fácil inteligencia sino que actuó frente al reto de la urgencia humana. Hasta caer en la cuenta inmediatamente de que esa pobreza y esa urgencia encontraban sus raíces en la incapacidad de la pobre gente para reaccionar por falta de recursos culturales. Los pobres, desde siempre, han sido víctimas del poder mediante su desvinculación del universo sabio. Con la incultura puede hacer, casi, cuanto se pretenda. Es fácil engañarla.

A lo largo de viajes y estancias por la geografía española dedica largo tiempo de meditación a su proyecto en Covadonga y puede moverlo con capacidad ejecutiva en su calidad de Capellán Real y miembro de la Junta Nacional contra el Analfabetismo. En 1911, en Oviedo, organiza una primera Academia femenina, germen ya de la futura Institución Teresiana. Desde ese momento, no cejará en su empeño de potenciar ese grupo de mujeres dedicadas a una misión que les hará vivir, tan anticipadamente, muchas intuiciones del Vaticano II,  especialmente de la Constitución Gaudium et Spes, sobre  las relaciones de la Iglesia con la sociedad de nuestros días. Mujeres para la cultura en todos los ámbitos. Como honda manera de evangelizar desde la mejor encarnación

Con las líneas anteriores, alcanzamos lo que, en mi opinión, es la característica humana y cristiana más relevante del pensamiento del intuitivo/ reflexivo Pedro Poveda: el rol fundamental de la mujer en la Iglesia, porque previamente lo tiene en la sociedad civil en cuanto tal. Siguiendo esta tradición carismática, la Institución Tersiana se ha mantenido seglar hasta el tuétano, siendo en la actualidad una asociación de fieles en la que los sacerdotes carecen de todo poder. Rara avis en la Iglesia. Y excelente premonición para tiempos futuros. La mujer constituida en señora y dueña de su propio destino, en una vida y acción secular radicalmente comprometidas.

De la combinación de una urgencia desde el universo marginal, de una concepción de la cultura como básica evangelización y de una visión de la mujer como protagonista de sí misma, surge este proyecto que muchos españoles desconocen y que, sin embargo, es de importante significado para una Iglesia que persigue nuevos caminos de secularidad seria y consistente

Norberto Alcocer, S.J: Viento del Este, momentos eclesiales durante el pontificado de Juan Pablo II, Mensajero, Bilbao, 2003, págs. 111 a 113.

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