EUCARISTÍA INAUGURACIÓN CRIPTA PEDRO POVEDA Y BENDICIÓN DE LA IMAGEN EN SAN ANTONIO DE LOS ALEMANES. HERMANDAD DEL REFUGIO
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![]() D. Fidel Herraez obispo auxiliar de Madrid, la Directora de la I.T. Loreto Ballester y otros asistentes al acto El día 27 de abril del presente tuvo lugar la inauguración de la capilla de San Pedro Poveda en la cripta de la Iglesia de san Antonio de los Alemanes de Madrid por iniciativa de la Hermandad del Refugio a la que perteneció San Pedro Poveda en colaboración con la Institución Teresiana que donó una bella imagen de 1,23 m. de altura , de bronce, cuyo autor es Pedro Requejo, donde Pedro Poveda se acompaña de un niño, portador de la palma del martirio, y de una niña, que lleva un libro abierto. En el centro de Madrid, muy cerca de una de sus arterias más comerciales, haciendo esquina a las calles Puebla y Corredera Baja de San Pablo, se encuentra la Iglesia de San Antonio de los Alemanes. Un templo de planta elíptica decorada con pinturas de Lucas Jordán, Ricci y Carreño. El altar mayor está presidido por la imagen de San Antonio, de Manuel Pereira, acompañado de otras pinturas de autores barrocos. En sus comienzos la iglesia estuvo unida al Hospital de los Alemanes y Portugueses (en honor de dos de las esposas de Felipe IV). La capilla de San Pedro Poveda es de planta de cruz latina y, en alzado, sus hileras de ladrillos le dan aspecto de tosquedad y de “primeros cristianos”.A mano derecha del altar una vitrina donde se exponen todos los documentos acreditativos de la pertenencia de San Pedro Poveda a la Hermandad. En la inauguración el hermano Mayor Presidente, Sr. Marqués de Alhucemas, puso de relieve que la capilla se destinará a Ejercicios Espirituales, Seminarios y cuantas actividades, juzguen adecuadas la Hermandad del Refugio y la Institución Teresiana. Todos los miembros de la Hermandad a la que han pertenecido personajes ilustres como Pedro Calderón de la Barca, se sienten orgullosos de tener entre sus miembros al primer sacerdote santo cuya ejemplaridad nos propuso la Iglesia el 4 de mayo de 2003. Reproducimos la homilía de Don Fidel Herráez Vegas, obispo Auxiliar de Madrid, en que puso de relieve los aspectos más destacados de la santidad de Pedro Poveda que se relacionan más directamente con la misión de esta Hermandad. |
Por una dichosa confusión he accedido al templo por la parte -justamente- que entran los hermanos y hermanas que tienen la urgente necesidad de dar respuesta al hambre que tienen. Por casualidad o providencia me habían hablado del nº 16 de la calle y al verles he pasado y he saludado a algunos niños y luego he estado - según bajaba-, más rápido, con algunos y esto me ha transportado con rapidez a todo lo que esta Hermandad del Refugio está haciendo desde comienzos del s.XVII cuando aquel grupo de oración se comenzó a reunir en el noviciado de la Compañía de Jesús. Y, en uno de los encuentros, deciden unirse, por una parte, para seguir orando y, por otra, para concretar ese amor de Dios que ellos experimentan en sus hermanos. Aquello que hacia 1618 elaboraron, aquellos primeros Estatutos, fue el comienzo de esta Hermandad del Refugio que todavía permanece, gracias a Dios, y gracias a los que, siendo mediadores de ese amor de Dios para los hermanos a lo largo de estos siglos, han hecho que ésta llegase hasta nuestros días. Al pasar por entre estos hermanos y hermanas necesitados me he sentido atravesado por esa corriente que ha dado sentido a esta Hermandad y ha hecho que estemos celebrando esta Eucaristía ahora mismo y simultaneamente, estén estos hermanos y hermanas recibiendo este signo del amor y cercanía a otros hermanos. Estén ahora, cenando.
Es cierto que todo esto me metía en lo que San Pedro Poveda quiso: unir su vida, no sólo en los comienzos, sino en 1930, a esta Hermandad y decide ser también miembro, “un hermano”, puesto que en esta Hermandad del Refugio hay tanto laicos como sacerdotes, y pide formar parte - también como hermano - de esta comunidad. Una persona como el Padre Poveda - que había dedicado muchos esfuerzos a responder a la necesidad de hambre y de sed, hambre y sed material pero a través de la cultura. Pero a través -también de la cultura-, hambre y sed material de tantos hermanos y hermanas. Y había respondido siendo mediador del Señor para iniciar la Institución Teresiana. Esto no fue una improvisación pues los motivos son los mismos desde sus años de seminarista (he recogido algunas líneas de su biografía que vienen al caso) en las que se dice que, en los ratos que tenía de recreo, cuando salían al campo podía compartir su “meriendilla” con las personas necesitadas que se acercaban porque ya lo iban conociendo.Y, a la vez, ¡qué idea tan bonita!, junto al pan material les daba el pan de la palabra, les hablaba, les instruía en el catecismo. No era por lo tanto una improvisación para San Pedro Poveda, cuando allá por 1930 pide ser incorporado a esta Hermandad de la que por supuesto Uds. -Presidente y miembros- se sienten muy orgullosos de que un hermano de Vds. haya respondido de tal modo al Señor que la Iglesia nos lo haya propuesto como Santo, hijo de Dios y hermano de los demás, y en tal grado y en tal ejemplaridad que la Iglesia lo canonizó hace exactamente 3 años. Esto ha de ser para Vds, tanto como para la IT, motivo de ánimo. No solamente a ver en San Pedro Poveda ese cumplirse de hijo de Dios, ese encarnar lo que los fragmentos que hemos leído de la Palabra de Dios se han encarnado en él, sino también hacer posible que se encarne en los otros.

Ese primer fragmento del Profeta Jeremías nos dice a él y a todos nosotros que antes de que fuésemos formados en el seno materno el Señor nos había llamado a ser hijos suyos, nos había llamado a la existencia. Es una realidad muy bella por ser real el hecho de que Dios -porque nos ha amado- por eso nos ha regalado a él -y a cada uno de nosotros- esta vida con letra minúscula que se proyecta en la otra Vida con letra mayúscula a la que el Señor nos ha llamado. Este fragmento de Jeremías nos recuerda que la vida del Pedro Poveda y la de todos nosotros es una vida que se nos ha regalado. Nadie de los que aquí estamos hemos ido a comprar esta vida a ningún sitio, se nos ha dado, porque Dios nos amó desde siempre, por eso dio concreción a su amor en un momento de la historia para cada uno de nosotros. Igual que hizo con San Pedro Poveda, igual que hizo con tantos hermanos de esta Hermandad como ha hecho también con cada una de vosotras, miembros de la Institución Teresiana- como ha hecho con cada uno de los que aquí estamos.
El Señor nos ha regalado esta vida, y si la vida es don, lo único coherente es que siga siéndolo y esto ¡qué bien lo entendió San Pedro Poveda!. Si la vida originariamente se nos da, lo normal es hacer que siga siendo don para los demás. Lo correcto de una cosa es que esa cosa siga siendo siempre ella y no otra. Por consiguiente si la vida se nos ha regalado, lo normal es que siga siendo en lo que es,en sus posibilidades, don para los demás.
Esto fue realidad en San Pedro Poveda y en tantos hermanos y hermanas que nos han precedido y que siguen viviendo en la actualidad. Lo que hacen estos hermanos y hermanas que en este momento están sirviendo la cena no es sino ser coherentes. Si Dios ha sido don para ellos, lo normal - no hacen ninguna heroicidad ,- sino lo normal, es ser don para estas personas que vienen aquí a saciar su hambre y su sed material encontrando sin duda también el amor más profundo que da sentido a esa realidad material.
También en la 2ª lectura de hoy, ese fragmento de la carta a los Gálatas, dice S Pablo: “llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús”. Si Dios no sólo nos ha creado 1ª lectura- sino que nos ha redimido, nos ha hecho hijos suyos, nos ha incorporado mediante el bautismo a ser miembros, hijos de la Iglesia, lo coherente es que, si hemos sido incorporados al cuerpo de Cristo, llevemos en nosotros las marcas de Cristo. Tampoco hacemos nada extraordinario siendo coherentes con este don de amor. Así fue en San Pablo, así fue en Pedro Poveda, así ha sido en miembros de la Hermandad, en miembros de la IT, y tiene que seguir siendo en cada uno de nosotros.
También en el Evangelio (capítulo 5 de San Mateo), al hablar de las bienaventuranzas, pasaje que San Pedro Poveda dice que es básico y fundamental del mensaje de Cristo para la vida nuestra, se nos anima a ser sal y luz y esto, sal y luz, con todo lo que conlleva: ser sal de este mundo y en medio de los ambientes en donde estamos. Sal que da sabor, que es signo de alianza, que es signo también de salud, y luz que es necesaria para ir caminando por la vida. Y ser sal y luz -no para nosotros manejarnos bien en la vida - sino para que “vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre del Cielo”. Estamos llamados a ser sal y luz no para narcisismo personal, no porque eso queda bien, no por cumplir malamente unos compromisos, sino para que viendo vuestras buenas obras den gloria a vuestro Padre del cielo.
Una vez que el Señor nos ha regalado la vida, una vez que nos ha incorporado a su vida dándonos parte de su Espíritu en la Iglesia, lo coherente es que seamos sal y luz para responder adecuadamente a Aquel que por amor, en familia de amor trinitario, nos ha dado, entregado, la vida ahora y para siempre.
Hago un recorrido por San Pedro Poveda aplicado también a la Hermandad a la que pidió pertenecer en 1930. Él, que había fundado la Institución Teresiana como obra de Iglesia para la evangelización en el campo de la educación y la cultura, convencido de que la educación era la mejor arma contra la pobreza porque contribuía a la verdadera promoción humana y a la mayor dignidad de la persona, quiere compartir al mismo tiempo la labor asistencial directa y baja a la calle como un hermano más para entregarse al Señor en los rostros de tantos hermanos y hermanas necesitados continuando el camino que comenzó con los cueveros allá en Guadix y que marcó después toda su vida. Y es que, como decía él (no para él sino para los demás y, al mismo tiempo, se puede aplicar a él), los hombres y las mujeres de Dios son inconfundibles. Palabras que, una vez más, se cumplen en él, que se pueden aplicar plenamente a él.

Cada vez que tengo ocasión de acercarme a Pedro Poveda sacerdote, descubro una faceta menos conocida. Lo decía antes: en sus años de seminarista en Guadix, así como el Maestro no era insensible a las necesidades de las gentes, al salir al campo repartía su “meriendilla” entre les pobres, les daba alguna que otra “perra” y les enseñaba el catecismo. Al invitarme a este acto me habéis dado ocasión de profundizar en Pedro Poveda como el hombre de las bienaventuranzas, especialmente la pobreza evangélica. Las bienaventuranzas -escribe San Pedro Poveda- son “el mejor resumen del evangelio, el más firme sostén de nuestra fortaleza, son el alma de la fe, de la esperanza y de la caridad”, frase textual suya. Comenta también y concreta en enseñanzas el salmo 42: “bienaventurado el que cuida del pobre, en el día malo le ayudará el Señor”. San Pedro Poveda, que tantas veces experimentó en las obras que tenía que sacar adelante la carencia de medios económicos y la fragilidad de los apoyos humanos, él fue hombre de fe, bienaventurado porque creyó; el pobre de espíritu aplicando esta bienaventuranza a él- que puso sus bienes al servicio de los demás con especial afecto a los más necesitados; el hombre de la paz y de la mansedumbre enseñada y practicada. El contemplativo que supo ver a Dios en la historia personal y reconocer su llamada en las carencias de su tiempo. Hay una llama interior, un hilo conductor en su vida que es el mismo que le llevó a esta Hermandad del Refugio. No es pues algo ajeno y extraño en su vida, es totalmente coherente, que pidiese entrar en esta Hermandad y fuese hermano de ella.
¿Qué puede decirnos San Pedro Poveda esta tarde cuando nos reunimos para abogar su persona y su vida celebrando la Acción de Gracias y escuchando la Palabra de Dios? ¿Cuál fue su secreto para vivir la fe en tiempos dificiles y suscitar tanta vida que se conozca hasta hoy y se seguirá si Dios quiere prolongando a través de quienes se estén llamados a ser mediadores también de su obra en la sociedad, a seguirse prolongando en el futuro?. Les ofrezco con sencillez un triple mensaje que podía ser también nuestro compromiso en la celebración de hoy.

Primero, Pedro Poveda fue un hombre de fe, contemplativo como decía antes, en la acción, un espiritual de veras, como diría Santa Teresa de Jesús, un sacerdote de Dios que encontraba en el Crucifijo la única fuerza y enseñaba con él en la oración toda la confianza para llevar adelante la misión confiada a la Institución Teresiana. Sin una honda experiencia de Dios, sin una vida llena del Espíritu, no podemos hoy tampoco anunciar el Evangelio ni abrir caminos en medio de la cultura de nuestro tiempo al Reino de Dios.
Segundo, Pedro Poveda vivió un lema,“hacerse todo para todos”, “mejor es dar que recibir, escribe, mejor es sacrificarse por el prójimo y entregar por amor cuanto se tiene”. Socorrer, consolar y enseñar, darlo todo, hacerse todo para todos. El lenguaje del amor, el lenguaje de la entrega es un lenguaje que entienden todos, en todo tiempo, en todas las culturas, mayores y pequeños, los que están cerca y los que creemos alejados. Es el lenguaje de las obras que dan testimonio de lo que somos porque nos prueban en ellas. Si pudieran decir de nosotros, allá donde estamos presentes “mirad cómo se aman” o cómo aman a todos, entonces sí estaremos viviendo el Evangelio siendo cristianos de verdad y llevando a cabo plenamente unos, los fines de la Hermandad del Refugio y, otros, la misión de la Institución Teresiana según el carisma de su Fundador.
Tercero y último, San Pedro Poveda fue un hombre de esperanza. Rezamos y cantamos hoy como salmo responsorial el salmo 70 juntamente con el estribillo. Oramos este salmo cargado de esperanza, “Tú eres Señor mi esperanza . A Ti Señor me acojo, sé Tú mi roca de refugio”.En este mundo lleno de signos esperanzadores pero también preocupantes desde tantos frentes y tantas realidades. ¿Qué haría hoy San Pedro Poveda en los retos del presente?. Yo, cuando iba por los pasillos en medio de los que estaban a la puerta para entrar, palpaba la realidad de la emigración ¿qué haría Pedro Poveda ante la emigración, ante la escasez económica y cultural de más de media humanidad, ante los fenómenos de la violencia, de la manipulación de la vida en su comienzo hasta el final , de la manipulación de la educación y de la cultura, de la desfiguración del matrimonio y de la familia, como estamos viviendo hoy y aquí en la sociedad española de nuestros días? Pienso que volvería a decirnos con San Pablo aquello de “no habéis recibido un espíritu de temor sino de fortaleza y amor”. Él, San Pedro Poveda, cuyo compromiso con la humanidad pasaba siempre por la fe y por el Evangelio, nos urge a estar presentes, también desde la fe y desde el Evangelio en medio de este mundo, atentos a los signos del Espíritu y aprovechando las semillas del Reino que también están esparcidas en el surco de esta tierra.
Ensanchemos la mirada, queridas hermanas y hermanos, busquemos colaboradores, unamos fuerzas y prosigamos haciendo con humildad y sencillez aquello que entendamos que puede cambiar la realidad para que ésta sea según el proyecto de Dios. Vamos a vivir con esta esperanza compartida con nuestros contemporáneos .“No tengáis miedo” nos dice repetidamente el Señor resucitado en este tiempo pascual. Con Él, que camina a nuestro lado, es posible, verdaderamente posible, la esperanza.
Vamos ahora a poner junto a nuestra acción de gracias por este hermano de la Hermandad del Refugio, por este fundador de la Institución Teresiana, por este sacerdote que supo responder al Señor en su tiempo -tiempo muy difícil- vamos a ponernos también cada uno de nosotros, vamos a poner a todos los hermanos de la Hermandad del Refugio y a todos los miembros de la Institución Teresiana que ya han pasado a la casa del Padre. Vamos a dejarnos llenar del espíritu y vamos también a pedir a nuestra Madre, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, Madre a la que también San Pedro Poveda se acogió de modo tan filial siempre, que nos acompañe a todos y nos ayude a ser verdaderos hijos de Dios, verdaderos hermanos entre nosotros en este momento que nos ha tocado vivir para gloria de Dios y bien de los demás.
![]() Vista del altar. DE LA BENDICIÓN DE LA IMAGEN Te glorificamos hoy Señor porque llenaste con los dones del Espíritu a San Pedro Poveda en cuya veneración sus servidores han hecho modelar esta imagen. Haz Señor que ellos, siguiendo las huellas de tu Hijo y considerando los ejemplos de San Pedro Poveda, lleguen al hombre perfecto a la medida de Cristo en su plenitud. Que con su palabra y sus ejemplos proclamen el Evangelio dispuestos, sin miedo, a derramar su sangre por él. Que carguen cada día con la cruz de Cristo y se entreguen totalmente a tu servicio y al de sus hermanos. Que cumplan sus deberes como ciudadanos de este mundo llenándolo del espíritu de Cristo con la mirada puesta en la mansión celestial donde tu, Padre, lo recibas un día para reinar con tu Hijo que vive y reina por los siglos de los siglos. |
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