|
Humanista y pedagogo. Así lo reconoció la UNESCO en 1974, en la celebración del centenario de su nacimiento.
"Quien esté al tanto del movimiento pedagógico habrá de confesar que nunca se conoció en España la efervescencia que ahora se nota en los maestros, ni el entusiasmo con que ahora se preocupa de la primera enseñanza y del profesorado la prensa. Yo deduzco que hay que tomar en serio el asunto y estudiarlo con interés... Hasta ahora hemos atravesado la época de preparación, que es precedente necesario, y actualmente nos encontramos en el momento crítico" (Alrededor de un proyecto, 1913)
En la primera década del siglo XX estudia Poveda el amplio panorama de la vida nacional especialmente interesado por el mundo de la educación y la cultura.Publica artículos y folletos en torno a la enseñanza y a la pedagogía, que por entonces está está afianzando su estatuto epistemológico.
Que son temas interesantes, ¿Quién lo duda?.
Que de su acertada solución depende en gran parte el bien de la nación, ¿quién lo niega?.
Que para llegar a resolverlos satisfactoriamente se necesita tiempo, competencia y estudio, ¿quién lo desconoce?. (Alrededor de un proyecto)
Son años de lectura, de reflexión e información, en los que descubre su vocación profunda: hombre de fe que se compromete a dialogar con la modernidad.
En tan amplio panorama las cuestiones de educación se le presentan con especial relieve y urgencia, De acuerdo con su lema, "empezó a hacer y enseñar"
I - UN SISTEMA EDUCATIVO HUMANISTA
El humanismo pedagógico de Poveda reviste el sentido más obvio de esta expresión, el de ordenar la educación a la persona en su realidad individual y en su vertiente social. Poveda ofrece un sistema educativo humanista, preocupado fundamentalmente por el desarrollo de la persona en cuanto tal, y solamente desde ahí, capaz de confrontar la vida con el misterio de Dios.
Concreta su ideal-propuesta en una declaración de carácter programático:
"La Encarnación bien entendida, la persona de Cristo, su naturaleza y su vida, dan para quién lo entiende la norma segura para llegar a ser santo, con la santidad más verdadera, siendo al propio tiempo humano con el humanismo verdad." (Correspondencia, 1915)
¿Qué nos dice Pedro Poveda sobre el ser humano que subyace y, al mismo tiempo, inspira su pedagogía?. Porque toda concepción, legislación o sistema educativo contiene en su almendra una idea o imagen del hombre.
Poveda se apoyará siempre en ese conjunto de capacidades y disposiciones que hacen al hombre y a la mujer educables, que le permiten recibir influencias y reaccionar ante ellas con modalidades específicamente humanas, responsabilidad y aspiración al bien. La lectura que él hace de esta realidad será: la educación no es solamente un ingrediente útil de cualificación humana, sino algo absolutamente necesario que se debe a todo hombre o mujer y no sólo a una minoría.
Desde este punto de partida, Poveda, a principios del siglo XX, ha puesto las bases teóricas y reales para cimentar el puesto de la mujer en el humanismo pedagógico contemporáneo. Poveda se anticipa a tratar la educabilidad desde la perspectiva de género: quiénes y cuántas son, cómo se educan y se forman las mujeres. Inagura así una cultura de la diferencia reaccionando contra la quieta rutina que continúa explicitando avaramente y con cuentagotas las posibilidades femeninas. Él cree en la mujer, la interpela y reconoce su autoridad.
Los aspectos sociales de la educación son para él una exigencia cristiana de su humanismo. El germen explícito ya en el pensamiento y en la obra povedana de Guadix, constituye un aspecto esencial de su mensaje.
Así la perspectiva social ocupa un puesto clave en la pedagogía povedana dentro de las finalidades del proceso formativo. Una perspectiva que lucha contra las idolatrías modernas como el poder, el dinero, la técnica, el placer, la superioridad; que está inmersa en la cotidiano, en los movimientos emergentes que redescubren el potencial transformador de los gestos pequeños y se compromete con los marginados y con toda forma de exclusión y violencia.
II - LA LIBERTAD Y EL BIEN
Además, en la concepción povedana, el ejercicio correcto de la libertad se identifica como "libertad para obrar el bien, no temiendo a la censura ni al qué dirán" La educación povedana, ofreciendo participación y creatividad, supera los climas de temor. Para educar la libertad de los más jóvenes apenas propone normas. Reclama, sí, personas de referencia, maestras y maestros buenos.
La educación moral en Poveda se orienta a hacer del hombre un ser para los demás, abierto y sensible a las necesidades de los otros, acostumbrado a realizar el bien sencillamente. Un hombre y una mujer a los que sus contemporáneos puedan catalogar como buenos.
Don Pedro se propone un progreso vivenciado de la solidez intelectual y de la rectitud de la conciencia moral. Es decir, de las dos fuentes de la sabiduría: discernir lo verdadero y estimar lo bueno. A los jóvenes y adolescentes Poveda se dirige personalmente a cada uno mediante un consejo breve: "En los años que tienes habrás pasado muchas horas estudiando y pensando en ciencias y artes, pero ¿cuántas horas consagraste a pensar en tí mismo? ¿por qué ese miedo a entrar dentro de tí?".
III - EDUCACION PERSONALIZADORA, ABIERTA Y COMUNICATIVA
Poveda habla de "tomar en serio la pedagogía" y se propone tres objetivos: aportar un programa, concebir proyectos, crear instituciones. Esto es para él tomar en serio la pedagogía. Es su manera de abrir el futuro.
Los programas surgen de quien se siente comprometido con la actualidad. "Yo que tengo la cabeza y el corazón en el momento presente", dirá en sus años de madurez.
Si su humanismo pedagógico ordena la educación a la persona en su realidad individual y en su vertiente social, así sus programas. Estos, al acoger la realidad individual, evidencian la centralidad de la persona, que se explica desde la esperanza en las posibilidades del ser humano. Se trata de una pedadogía personalizadora, abierta, comunicativa.
Personalizadora porque dirigida a la persona, desde unos valores como meta y como guía: la motivación, la expansión y la alegría, la serenidad y el equilibrio, la urgencia de construir desde la tolerancia y el servicio a los demás. Y, animando este talante, la iniciativa y creatividad como condición para hacer germinar los recursos psíquico-espirituales de cada uno.
Abierta para armonizar humanismo, tradición y modernidad, pensamiento y afectividad, para relanzar un diálogo entre los agentes educativos: familia, escuela, asociaciones, medios de información, amigos.
Comunicativa para estimular la expresión, para que suscite una corriente interactiva en los que intervienen en el proceso educativo que repercuta en el crecimiento de las personas. Comunicación en relación con las culturas de pertenencia y con el patrimonio común para que cada persona no sólo se reconozca a sí misma, sino que participe de un proceso común de transformación personal y comunitaria.
IV - LA VOCACION DEL EDUCADOR
Poveda ha reparado especialmente en la necesidad del sujeto que progresivamente va dando forma al deseo de situarse personalmente en la vida, de autoproyectarse hacia el futuro. Un sujeto al que acompaña con mayor o menor nitidez una llamada: la vocación. "Para todos hay un momento decisivo en la vida y éste bien aprovechado suele ser el principio de la felicidad" (Máximas de vida cristiana, 1910). La vocación inquieta, suscita, revela, guía y orienta en una dirección que, de suyo, no coacciona. En estas reflexiones povedanas la vocación viene de Dios, aparece relacionada con la búsqueda del sentido de la vida.
La vocación de educador tiene para Poveda una función ejemplar. Este "educador de educadores" se atreve a pedir como característica fundamental del educador el amor incondicional en cuanto voluntad de formación de otro. En distintas ocasiones se ha referido, con resonancias paulinas, a este amor que es sufrido, no se irrita, no piensa mal, todo lo espera y lo soporta todo. Sabe respetar la diferencia sin pretender la asimilación ni el dominio del discípulo. El educador se hace próximo a cada uno mientras conserva su propia identidad.
Consciente del papel fundamental que desempeñan quienes se educan en la tarea de educar, dedicó muchas de sus energías a proponer y realizar iniciativas encaminadas a favorecer la formación del profesorado. Con la creación de Academias y de Centros Pedagógicos, puso al servicio del perfeccionamiento del profesorado ideas innovadoras y recursos para su actuación en las aulas. La causa del éxito en este campo, escribe Poveda, "es y será siempre la vocación de aquellos grandes pedagogos, la vocación de los que hoy profesan amor a la enseñanza, y la vocación que tendrán sus sucesores".
Asimismo a Pedro Poveda se le reconoce un espacio propio en la historia de la educación, pues comprometió sus escritos y su actividad para llevar a la práctica sus proyectos hasta crear instituciones -fundador de la Institución Teresiana cuya labor cultural y educativa se extiende por 30 paises- y ofrecer su colaboración a iniciativas y proyectos de otros. Iniciativas dirigidas a la alfabetización de las clases populares y su inserción en la sociedad; a la actualización pedagógica del profesorado y su reconocimiento social, a la educación de las mujeres y su acceso al ejercicio profesional.
Sus afirmaciones acerca de lo que debe ser la educación siempre las encontramos unidas a las experiencias concretas, a la prueba de la verdad que son las acciones mismas, y a la pervivencia de sus ideas en incontables educadores y educadoras de ayer y de hoy, que han dado y dan actualmente forma a sus propuestas. De ahí que se le reconozca un lugar en las búsquedas y logros pedagógicos del siglo XX, así como en las perspectivas humanísticas y pedagógicas capaces de hacer fecundar el siglo XXI en beneficio de los seres humanos y de las culturas.
^ Arriba
|